En 1976, cerca de la localidad italiana de Seveso (situada a 50 km de Milán), tuvo lugar uno de los accidentes más importantes de la industria química en Europa. Una rotura en uno de los reactores de la empresa Icmesa Chemical Company (filial de Hoffmann-La Roche.) que producía 2,4,5-triclorofenol, un intermediario de gran número de productos farmacéuticos y cosméticos, liberó a la atmósfera una gran cantidad de sustancias tóxicas, entre ellas la dioxina TCDD (2,3,7,8-tetraclorodibenzo-p-dioxina). Esta liberación provocó una gran crisis ambiental que contaminó aire, agua y suelo, afectando a gran parte de los cultivos y animales, además de numerosas personas.

La dioxina TCDD es un compuesto altamente contaminante, al ser carcinogénica, disruptor endocrino, muy estable químicamente y muy soluble en el tejido graso, que posee una vida media cercana a los 10 años en humanos. Se conoce que el TCDD liberado en este accidente provocó graves problemas de salud en niños provocando la enfermedad del cloracné (una irritación cutánea), fallos en el riñón y en sistema inmune, desarrollo de los dientes. También incidió en mayores, reduciendo la fertilidad masculina y femenina, afectando el ciclo menstrual y la ovulación, provocando endometriosis, menopausa anticipada, cáncer, tiroidismo, enfermedades cardiovasculares y alteración del sistema inmune y neurológico, entre otros efectos. Hoy en día, tras casi 50 años del accidente, todavía se estudian sus efectos sobre la salud.

Del accidente se han aprendido muchas lecciones. Entre ellas, la importancia de la comunicación y coordinación ante un suceso de este tipo. La empresa tardó cuatro días en comunicar a las autoridades el accidente, y otros tantos en que las autoridades actuaran advirtiendo a la ciudadanía, que entró en pánico sin saber la causa. A raíz del accidente, se desarrolló una legislación europea específica para este tipo de situaciones, que regula las instalaciones y los controles necesarios para evitar que pasen este tipo de accidentes. También se desarrollaron de forma más detallada las medidas de emergencia necesarias y nuevas tecnologías más seguras.

Tras ejemplos como este o el del accidente de Bhopal en India, empezó una nueva corriente filosófica en la química enfocada a un desarrollo más sostenible, que culminó con los doce principios de la química “verde” o sostenible, que postularon Paul Anastas y John C. Warner en 1998.

La fuente:

Brenda Eskenazi, Marcella Warner, Paolo Brambilla, Stefano Signorini, Jennifer Ames, Paolo Mocarelli. The Seveso accident: A look at 40 years of health research and beyond. Environment International 121 (2018) 71–84. https://doi.org/10.1016/j.envint.2018.08.051